Luzius: Orígenes

 

Sin título-2Luzius sigue siendo para mi sorpresa mi novela de más éxito. Es por eso que voy a contar cómo se creó esta magnífica y divertida novela de la manera que me caracteriza… con una especie de monólogo cómico.

EL INICIO, ENRIQUE Y LA PORTADA

La gente suele preguntar “¿De dónde sacas las ideas?” y la verdad es que la respuesta no es sencilla.  Los autores solemos contestar muchísimas cosas a esta pregunta. La mayoría nos las inventamos porque realmente no sabemos qué decir y queremos que parezca algo chulo y espectacular. Pero en el caso de Luzius lo tengo claro. Como cualquier libro, casualmente, Luzius empezó con la portada.

Yo tenía en la mente esa imagen en la que un hombre amargado, a punto del suicidio se miraba al espejo y, sin saberlo, estaba viendo a Dios.

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En mi época de estudiante, durante un viaje a Zaragoza para ver a mi amigo Enrique, al que le dedico el libro, se lo conté y él me dijo: “Dani, ese es el tipo de historia que yo pagaría por leer”. Y esas fueron las palabras que sirvieron de ánimo para lanzarme a escribir la historia. Como podéis ver, por ahora, mi motivación era pura y cristalina. Ja. La cuestión es que sus palabras fueron definitivas para mí, porque sé que las decía de manera completamente sincera. Ya sabéis, los niños y los borrachos siempre dicen la verdad. Y en aquella visita no nos dedicamos a ver museos precisamente.

EL DIBUJANTE

Así que escribí la historia. Y la escribí en formato tebeo. Todavía no era una novela, eso vendría después. Yo estaba muy contento con el resultado del texto, y me sentía el próximo Alan Moore español. Ya tenía historia. Ahora había que encontrar dibujante. Y para mi sorpresa, la cosa fue bastante sencilla. Puse un anuncio en internet y Javier Ara fue el primero en contestar. Quedamos, le di el guión, lo leyó y me dijo que le gustaba y que haría las primeras 5 páginas para que pudiese presentar el proyecto a las editoriales. Podéis ver el maravilloso trabajo aquí.

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Ya lo tenía casi todo. Ahora solo faltaba la editorial. Así que cogí mis bártulos y me fui al Salón del Cómic de Barcelona en busca de editorial. Me acuerdo que me encontré con Isma, que hoy me permite hacer la presentación en su tienda. Y allí estaba yo con mis páginas de prueba, mi guión y mi ilusión presentándome a las grandes editoriales con la oportunidad de mi vida. Me acuerdo de Alejandro Martínez Viturtia, de Panini que llevaba todo Marvel en España.  Me acuerdo que me dijo algo así como: “Un proyecto muy ambicioso. Un dibujo correcto, pero con demasiadas elipsis. Fíjate en el gato. Primero está en la ventana y en la siguiente se está comiendo el ratón”. Yo pensé, leñe, es un tebeo, no una peli de Disney. Pero como todo lo que te decía lo hacía con una pipa humeante en la mano que se llevaba a la boca constantemente tú pensabas: “Tiene que ser cierto, porque fuma en pipa. La gente que fuma en pipa tiene que saber lo que dice. No pueden arriesgarse a parecer estúpidos”. De manera que mi primer intento se quedó como humo en el viento.

Y así fue con el resto de las editoriales, ese año.

Al año siguiente fui con más humildad, pero con más decisión. En Norma Cómics me llegaron a decir: “El proyecto es realmente bueno y nos encanta”. Yo ya estaba viendo que por la esquina del argumento se escondía un pero a punto de saltar y dar un susto y en unos segundos él chaval que me atendía dijo: “…pero…” (ahí estaba, predecible pero igualmente deprimente) “…si os llamaseis Neil Gaiman o Alan Moore nos sería más fácil venderlo”.

A lo que respondí: “Si sirve de algo, no soy muy escrupuloso sobre las cosas que pongo en mi boca o en mi culo”.

El chaval se rió de lo lindo, lo que demostraba que yo valía para escribir historias graciosas, “pero”, aquí lo tenemos de nuevo, pero no sirvió de nada. Y dejamos el cómic de lado.

En toda historia, hay un momento en el que el héroe parece derrotado por las circunstancias. Este fue ese momento en mi historia. Un momento oscuro de mi vida en el que empecé a preparar las oposiciones al Ministerio de Hacienda, que era como prepararse para el papel de Dustin Hoffman en Rainman, pero repitiendo artículos de la Ley General Presupuestaria.

SANTIAGO GARCÍA CLAIRAC

Yo solía estudiar en cafeterías. Y allí conocí a Santiago. Santiago se acercó a mí y comenzó a hablarme. Sus primeras palabras fueron: “¿Te gusta leer?” y yo pensé: “Mira qué mono. Quiere ligar conmigo.” Cuando me cercioré de que no se trataba de un depravado pedófilo, descubrí que él era escritor. Pero escritor de verdad. Me habló de su proyecto “El ejército negro” que terminó publicando con una primera edición de 70.000 ejemplares, hoy día, agotada. Lo que os demuestra que el hombre sabe lo que hace… y eso que no fuma en pipa. Resultó que teníamos muchas cosas en común. Santiago mostró interés en Luzius. Le gustaba la idea, tanto que llegó a dibujar el storyboard de todo el tebeo por si alguna vez se lo vendíamos a una productora de cine.

 

Y él fue el que me dijo: “¿Por qué no escribes Luzius como una novela? Y así lo hice.

Ahora tenía una novela. Necesitaba una editorial. Pero como con el tebeo, la aventura era realmente difícil. Buscar editorial era como ir a ligar a una discoteca. Yo me ponía guapo e intentaba mostrar lo mejor de mí y lo que podía ofrecer. Pero las editoriales son como las chicas guapas, sin ni siquiera ver qué es lo que puedes ofrecer ya te han rechazado. Así que hice lo que haría cualquiera que sale de la discoteca sin haber ligado. Me fui a casa, encendí el ordenador y me lo hice yo mismo.

Amazon daba la oportunidad de publicar tus novelas con bastante facilidad.

EL MENSAJE DE LA NOVELA

Porque los autores escribimos para el público. Y nuestras obras tan solo son enormes plagios de la realidad. Eso es lo que hacemos, plagiamos la realidad, la adornamos con empaques surrealistas, fantasiosos, cómicos… pero solo tratamos de reflejar la realidad de la particular manera que nosotros la vemos.

Y eso es lo que os ofrezco en Luzius: mi visión personal, crítica, oscura, cínica y divertida de la humanidad, donde elevo el punto de vista del lector hasta un nivel divino. Me olvido de las novelas típicas donde os cuentan una historia triste y oscura y os pregunto el mayor “What If” (Y si) que se puede preguntar: ¿Qué harías si fueses Dios? Rompo los límites de todo ser humano, me olvido de todas nuestras quejas, imperfecciones y excusas para no conseguir lo que realmente deseamos y se los concedo a Luzius como representante de la humanidad.

De manera que cada uno de los lectores puede irse viendo reflejado en sus actos o ir descubriendo por sí mismo que él o ella haría algo distinto. La historia de Luzius no es lo que yo haría, sino lo que yo creo que la mayoría de todos nosotros haríamos como un programa de 5 pasos similar al de la aceptación de una enfermedad terminal. Y que no os cuento porque para saberlo tenéis que leerla. Pero, en realidad, da igual cual sea mi intención, porque lo importante es que disfrutéis de ella y cada uno saque sus propias conclusiones, pero ya que habéis llegadohasta aquí y habéis aguantado toda esta chapa, merecéis este pequeño extra.

Luzius es en realidad una novela sobre la soledad.

La historia de un hombre completamente solo que obtiene el poder divino, para terminar dándose cuenta que ni siquiera teniendo todo lo que se puede desear, si uno está solo, la vida no merece la pena ser vivida.

Ahora ya sabéis lo que toca.

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La Importancia de leer Fantasía

list_640pxHoy vivimos una época dorada de ciencia ficción y fantasía. No especialmente por su calidad, pero sí por su popularidad.

Admitámoslo, los frikis se han puesto de moda.

Sin embargo, la importancia de leer fantasía o ciencia ficción no se centra exclusivamente en su capacidad de levantar o crear un mercado de enorme y gigantesca rentabilidad económica para las productoras americanas.

La fantasía ha sido siempre un elemento indispensable para la humanidad. Porque la fantasía (o la ciencia ficción) viene a responder con increíble creatividad a la respuesta “¿Y si?”

Y si el hombre llegase a la luna. Y si pudiese viajar bajo el agua. Y si pudiese viajar en el tiempo. Y si todos los humanos fuésemos iguales. Y si los nazis hubiesen ganado la guerra. Y si…

Muchos de esos “Y sies” acabarán en nada. Y la gran mayoría serán objeto de historias creadas por autores, ya sean buenas o malas. Pero habrá algunas que se convertirán también en la llave que abrirá la puerta a la inspiración. Y no me refiero a pintores, escritores, poetas, músicos… Me refiero a científicos, ingenieros, técnicos que se enfrentan todos los días a la labor de hacer posible lo que durante toda la historia que les precede ha sido definido como “imposible”.

Voy a explicarlo con un ejemplo que utilizo en mi novela “Cuestión de Fe” y que reproduce un ejercicio mental típico.  Se trata de una simple prueba.

El reto consiste en unir los siguientes 9 puntos con 4 rectas sin levantar el lápiz del papel:

Pulso de vida o muerte. - copia

OJO A PARTIR DE AQUÍ QUE VIENEN LOS SPOILERS

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La comedia como apertura de mente

open-mind-sw-1.jpgLos budistas siempre han destacado la importancia de la risa en la vida.

Dicen que cuando uno se ríe es vulnerable, porque demuestra estar relajado, tranquilo y receptivo a su entorno. Que el que se ríe es muestra de que no se siente amenazado.

Es por eso que, desde mi humilde opinión, la comedia es el mejor arma de enseñanza que se puede utilizar. Y es por eso también, que mis novelas siempre tienen ese tono cómico que tanto me caracteriza.

Pero además, la comedia, el humor en general, es el aliado natural de la creatividad. Y si además se usa en ámbitos extremos, opuestos a la comedia, ésta funciona mucho mejor. Porque reírse de lo serio consiste en realidad en abrir la mente a otra posibilidad diferente. Se trata de analizar la situación desde un punto de vista completamente distinto y buscarle el tercer pie al gato. La comedia es el arte de mostrar lo cotidiano en algo extraordinario. Es el electroshock que reactiva el cerebro con sorpresa.

Porque la risa no viene tranquila. Llega como un sopapo. Con el salto nervioso de un susto recién dado.

Y eso sólo se puede conseguir con sorpresa. Y, por definición y necesidad, la sorpresa no llega anunciada. La sorpresa llega sin avisar, inesperada. Y siempre parece una novedad sobrevenida.

Pero ¿acaso no está todo inventado?

Claro que lo está.

Y de ahí que la comedia sea tan necesitada en el día a día. Porque el humor, la ironía, la risa… son el desafío de presentar lo cotidiano en extraordinario. Son el arte de enseñarte algo que ya conocías de una manera que no te habías dado cuenta que se podía mirar así.

Y si se consigue hacer eso con temas tan importantes como la muerte, la vida, la política, la religión, la educación… es entonces cuando uno se da cuenta de que la comedia abre tu mente y que siempre hay que estar abierto a la risa.

Respetad a vuestro cómicos. Y admirar a los autores de comedia. Porque ellos son los que ven el mundo como realmente es y procuran mostrároslo como debería ser.

Desconfiad del que nunca ríe con sinceridad y tenedle pena. Porque esa persona estará ciega al cambio y a todo lo que sea diferente.

Y sí, por si alguien se lo preguntaba, todos mis libros (salvo Othan, aunque un poco también) están llenos de humor, mofa y escarnio a la religión. Porque como ya he dicho antes, el humor es la mejor arma para enseñar.

😉

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De cómo reírse de la Muerte con… pollas

Black_laughing_death_with_a_big_horglass_and_a_scythe_tattoo_designLo que cuento a continuación es un hecho real.

He cambiado algunas cosas para no identificar a las personas reales. Pero los acontecimientos son tan verídicos como la caída del muro de Berlín.

Hace poco, diagnosticaron un tumor cerebral a una concocida. Uno de esos tumores de los que no hay esperanza de vida. De los que miras al doctor con ojos de gato pidiendo leche desesperadamente y él te devuelve esa mirada diciendo: “No majo no. Que la va a palmar”. Y tú le vuelves a mirar, pero esta vez como te enseñó tu madre de niño. Es decir, con mirada de “por favor”. Y él erre que erre: “Que no, majo. Que te he dicho que la va a palmar”, “pero seguro.” “Sí, sí, seguro”. “Pero seguro, seguro”. “Joder, ahora me haces dud… Que no joder, que la espicha, estira la pata, se muere, pasa a mejor vida… mueeeerrrrrtaaaaa”.

Bueno, ese tipo de tumor. Supongo que me entendéis.

Para más inri, todo esto lo contaba el doctor mientras el marido de la ahora ya difunta (siento decirlo) se encontraba en tratamiento de quimioterapia por otro cáncer.  Éste tipo de cáncer no era del tipo “majo te vas a morir”. Este era más del tipo “Pues mire usted, puede que se cure y puede que no” que tanto les gusta a los médicos.

A todo esto, la pareja tenía dos hijas adolescentes que esas Navidades habían pedido un par de Iphones a Papá Noel, pero en cambio, el gordo cabrón vestido de rojo había llegado con su bolsa de regalos por la noche y había dicho: “Ho, ho, ho… ¿qué tenemos este año para estas preciosas chicas? ¿Habéis sido unas niñas buenas? Sí, seguro que lo habéis sido. Bien, pues como premio, Santa Claus os ha traído CANCER para papá y mamá”.

En fin. Todo una fiesta.

Ante una imagen tan agradable y navideña como esta, cual caballeros andantes, parte de mi familia y el que escribe cogimos el coche y nos fuimos a ver a la familia para ver si necesitaban algo, para animar el cotarro y hacer esas cosas que se hacen cuando Santa Claus te trae cáncer por navidad.

Mi madre, antes de que llegásemos me dijo: “Hijo, no seas burro”.

“No sé a qué te refieres, mamá” le contesté yo.

“Hijo, que nos conocemos”, insistió ella.

Sinceramente, no sé a qué se refería.

La cuestión es que allí estábamos. En una casa llena de alegría y jolgorio intentando fingir que allí no pasaba nada.

Y ese es el problema en estas situaciones. Es como si la Muerte, con su túnica negra y su guadaña estuviese allí sentada con una taza de tú en sus manos y todos intentasen no mirar hacia ella.

La primera pregunta que se hizo fue la de siempre:

“¿Qué? ¿Cómo estáis?”

Y la respuesta fue también la de siempre:

“Na, pues bien”.

Mis cojones. ¿Qué ostias iban a estar bien? Pero las convencionalidades son así. Se sacan temas que no tienen el más mínimo interés para ver si los afectados pueden pensar en otra cosa que no sea el esqueleto que toma el té a tu lado.

Así que se me ocurrió que podía cambiar de tópico a algo menos convencional dirigiéndome a las dos hijas.

“Bueno, y vosotras ¿cómo andáis de pollas? ¿Algún capullo está intentado meterse bajo vuestras bragas?”

Fue cómo un relámpago. De repente, el esqueleto con guadaña desapareció y todo el mundo se fijó en el idiota que había dicho pollas y bragas en medio del tráiler de un funeral.

Porque así son las visitas a los enfermos terminales. Son como un mal anuncio de una serie que va a acabar: “Próximamente en la vida de tu madre”. Prrrrr. La palma. Fin de serie. “No se pierda la segunda parte ‘Papá también la palma’ este otoño en los mejores cines”.

Fiel a mi teoría de que si metes la mata es mejor meter la otra y escarbar hasta esconderte bajo una montaña de estiércol con una sonrisa,  comencé a hablar de pollas todo el rato. La familia me miraba perpleja. Supongo que sus mentes bullirían entre la perplejidad y la indignación de mi madre. Las madres saben cómo lanzar miradas de indignación mejor que nadie. Y como se suele decir, “si las miradas matasen” hace tiempo que yo estaba bajo tierra.

Pero la cosa es que, después de unos minutos me tiré a la piscina de mierda de cabeza con un: “¿Qué Andrés (nombre ficticio), aún se te levanta con toda esa mierda por las venas? Porque lo de las náuseas es una mierda, pero que encima no se te levante tiene que ser la hostia”.

El hombre comenzó con un simple y tímido “Si te soy sincero, …”

Poco tiempo después, nos pasamos 2 horas en las que nos olvidamos por completo del cáncer, del tumor, del ataúd de la futura señora, de la soledad de las niñas y de las mierdas de la enfermedad, y llenamos la habitación de pollas. Pollas por todas partes. Pollas viejas que no se levantaban, pollas jóvenes, pollas enormes de actores porno en internet. Pollas, pollas, pollas y más pollas por todas partes. Un mundo maravilloso donde las pollas eran el pilar maestro de la sociedad. ¿Quién sabe? A lo mejor si te comías una polla te curabas del cáncer. Y comenzamos un debate.

“¿Tú qué harías papá?”, le pregunté. “Tienes cáncer, la única cura es comerte una jugosa, carnosa y sudorosa polla de macho. ¿Qué harías?”

“Morirme fijo chaval” soltó el muy burro mientras los demás se descojonaban.

“Venga papá. Seguro que no es para tanto. Solo es una polla. Así, un lametón rápido en la puntita”.

“Que no hijo. Ni de coña”

“Veeeeeengaaaaa. Al fin y al cabo te besas con mamá  y seguro que esos labios han pasado…”

“Tu madre no come pollas hijo”, me cortó rápidamente.

“Mira, otra que se va a morir de cáncer”, soltó una de las niñas envalentonada provocando la risa de todos en la mesa.

Y así, entre polla y polla, risa y risa, pasamos la tarde.

La madre, sigue enferma. Murió seis meses después tal y como predijeron los médicos. Todos vamos a morir tarde o temprano. Pero gracias a un cipote, a una verga, a un cimbel… a una conversación sobre pollas, al fin y al cabo, se olvidó por un rato de su mala situación.

Porque políticamente correctas o no, las pollas son pollas. Nada más.

Y siempre sirven para pasar un buen rato.

Así que os dejo con la pregunta:
¿Qué haríais si tuvieseis cáncer y chupar pollas os curase?


¿Por qué escribo esto?

Muy sencillo.
Estoy especialmente orgulloso de aquel día. Pero además, siguiendo con la idea de mi último post, este es un ejemplo de cómo escribo. De mi sentido del humor y de lo que puedes encontrar en mis novelas.

Y si te has reído con esto, pues seguro que te reirás con mis libros.

Así que echa un vistazo.

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Vender novelas: El arte de la Prostitución

vengo-a-hablar-de-mi-libroHace ya unos años presenté mi obra juvenil Othan en el Festival de Fantasía de Fuenlabrada.

Nos encontrábamos 5 ó 6 artistas noveles presentando nuestras obras y siendo entrevistados por los allí presentes.

La pregunta más tópica que se puede hacer a un escritor es:

“¿Y tú por qué escribes?”

Y a esa pregunta respondieron todos mis compañeros con una retahíla aún más tópica si cabía, repleta de: “Porque me lo pide el cuerpo”, “Porque es el oxígeno para mi alma”, “Yo escribo para mí, no para los demás”, “Porque tengo una historia dentro que necesito sacar”… y así un buen rato de respuestas que yo veía sin sentido y a las que replicaba en mi mente con mala leche y un cinismo que me caracteriza más que las motas de chocolate a las Chips Ahoy.

Llegó mi turno y cuando me hicieron la misma pregunta, automáticamente respondí:

“Yo lo hago por la pasta”.

Y me quedé más ancho que largo.

El público estalló en carcajadas. Y, más aún, mis compañeros también. Incluso una de las autoras (ya me jode decirlo, pero ahora tiene mucho éxito vendiendo sus novelas) se atrevió a soltar un comentario al micrófono con mofa, diciendo:

“Pues ya puedes dedicarte a otra cosa. Porque vivir de tus obras es prácticamente imposible”

Todos asentían como muñecos de coche de cuello suelto. Y el público le daba la razón con asentimientos de cabeza también desde las gradas.

Fue entonces cuando me dediqué a dar mi verdadera respuesta. Que fue la siguiente:

“Tienes toda la razón. Vivir de tu escritura es muy difícil, pero es básicamente lo que estamos intentando todos los que estamos en esta mesa ahora mismo. Si no es así, si escribes para ti y no para el público, te invito amablemente a coger tu historia, llevártela a tu dormitorio y leértela a ti misma una y otra vez hasta que te quedes dormida. O si lo prefieres, simplemente regálala a todos los presentes en lugar de pedirles que paguen 15 euros por cada ejemplar.

Yo también escribo por todas las razones que han dicho todos mis compañeros. Es algo que disfruto, que me apasiona y que necesito hacer como el tiburón necesita moverse constantemente para respirar y no morir. Lo hago por pura superviviencia personal. Si no escribo reviento y muero. He escrito ya varias obras. Ninguna de ellas ha sido lo suficientemente exitosa como para permitirme dejar mi trabajo y dedicarme a ello a tiempo completo. Y aun así, sigo escribiendo. Ahí tienes la prueba.

No obstante, ahora una editorial ha apostado por mí. La editorial ha creído que mi obra era lo suficientemente buena como para que a la gente le guste, como para que la gente disfrute con ella y, así, invertir dinero en publicarla y esperar recuperar e incluso ganar dinero con ella. Es por eso, que ahora que me publican y ya he escrito la obra terminada. Ahora lo hago por la pasta.

Y ya que mis demás compañeros solo escriben para ellos y yo escribo para el público. Os invito a todos a comprar mi novela y no la suya.

Seré bueno. Comprad todas y así podréis disfrutar de todas las historias. Pero sus editoriales me den a mí su dinero.”

Más o menos es eso lo que dije. Aunque sonaba más divertido cuando leo dije.

A la salida de la convención, el público se acercaba a mí para darme la enhorabuena. Me decían: “Por lo general las presentaciones son aburridas, pero contigo nos hemos reído. Y además lo que dices es cierto. Al final todo autor lo que quiere es que le compren”.

Fue entonces cuando a uno de ellos le conté la verdadera revelación que descubrí en aquella presentación.

“Mira. No me conoces. NO conoces ninguna de mis obras. No sabes siquiera si es buena o no. Si te gustará o no. Y eso os pasa a todos los que habéis venido con todos los autores noveles. Es muy difícil vender un libro. No te puedo contar el final. No puedo desvelar más de lo necesario. Y con eso no enganchas a nadie. Así que los autores tenemos que encontrar otra manera de atraeros. Y la única manera es atraeros hacia nuestra personalidad. Haceros pensar: “Hey, no sé si el libro de este tío será bueno o no, pero él es gracioso.” Y si conseguimos pensar que somos graciosos o ingenioso o puede que simplemente una buena persona que dice la verdad cuando habla, puede y, solo puede, que lleguéis a la conclusión de que lo que escribimos puede ser gracioso o ingenioso o, simplemente, sincero y bien intencionado. Y, a veces, con eso basta.

Si a eso le sumas que mi obra es cojonuda. Bueno, pues el negocio está hecho”.

Con este último chascarrillo estreché la mano del hombre que me aseguraba ir ahora mismo a comprar mi libro terminé la presentación, dándome cuenta de que todo lo que acababa de improvisar era en realidad una gran revelación incluso para mí mismo.

Si quería vender mis libros tenía que demostrar al público que era un tío ingenioso, gracioso y con una gran imaginación. Tenía que venderme a mí mismo, tenían que probarme a mí primero para dilucidar si mi producto era el que les podría gustar.

Y en ello estamos.

Así que aquí están mis obras a la espera de la siguiente, que ya lleva 170 páginas.

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Atraco a Mano Alzada

atraco-a-mano-alzadaPodría empezar diciendo que conozco personalmente a Javier Ara, que creo que es un profesional como la copa de un pino y que le debo mucho. De manera que podríais pensar que este crítica a su obra no es objetiva. Pero la verdad es que solo lo digo como disculpa a que haya tardado tanto en agenciarme un ejemplar en la tienda y me lo pudiese leer.  Es lo que tiene vivir en Egipto.

Atraco a Mano Alzada me ha encantado de principio a fin.

No esperéis superhéroes, ni monstruos, ni luchas increíbles. No es ese tipo de cómic.

La trama es simple.

Un dibujante de cómic ha ideado el plan perfecto para robar un banco. Lo hace y lo dibuja en un cómic contándote su historia.

Y eso solo es la primera parte.

La segunda parte será una thiller de investigación donde el rival del atracador hace lo propio dibujando cómo descubre todo el tinglado.

O no.

Atraco a Mano Alzada es el Ocean’s Eleven de los dibujantes de comic. Un guión interesantísimo que, como el buen erotismo, solo enseña lo que quiere enseñar, cuando lo quiere enseñar y como lo quiere enseñar. La historia guía al lector como una buen bailarín llevando el compás y obligándote a dar vueltas a su son de una manera que hacía tiempo no sentía leyendo. Como un gran torero, hace que te conviertas en un toro dócil que entra a cornada limpia en busca de la verdad en la trama intentando adivinar qué y cómo ocurrirá a continuación, pero que termina por doblegarte a su voluntad y tras levantar el telón rojo que te tenía ciego, descubres la verdad con sorpresa y asombro.

Por si eso no te hubiera convencido, la habilidad de Javi Ara para dibujar encuadres tan cinematográficos que parecen escenas de una película o de una serie, hace de su lectura prácticamente un suspiro.Olvídate de los clásicos paneles frontales con diálogos y escenarios teatrales para encuadrar las escenas. Picados, contrapicados, detalles y trucos típicos de la narrativa comiquera hacen de este tebeo un deleite visual. Es evidente la influencia que la experiencia de Ara en la animación le ha dado.

No me importaría ver esta historia en una cadena de televisión.

Estoy seguro de que tendría muy buenas críticas.

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Feliz día del Libro

imagesHoy es el día internacional del libro.

Lo que significa que hoy es el día internacional que celebra la capacidad del ser humano de crear historias, de crear mundos, de soñar y de hacer soñar a otros.

Y, por supuesto, una excusa para todo autor para incitar a la gente a comprar sus novelas.

Así que ya sabéis.

😉

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