Luzius: Orígenes

 

Sin título-2Luzius sigue siendo para mi sorpresa mi novela de más éxito. Es por eso que voy a contar cómo se creó esta magnífica y divertida novela de la manera que me caracteriza… con una especie de monólogo cómico.

EL INICIO, ENRIQUE Y LA PORTADA

La gente suele preguntar “¿De dónde sacas las ideas?” y la verdad es que la respuesta no es sencilla.  Los autores solemos contestar muchísimas cosas a esta pregunta. La mayoría nos las inventamos porque realmente no sabemos qué decir y queremos que parezca algo chulo y espectacular. Pero en el caso de Luzius lo tengo claro. Como cualquier libro, casualmente, Luzius empezó con la portada.

Yo tenía en la mente esa imagen en la que un hombre amargado, a punto del suicidio se miraba al espejo y, sin saberlo, estaba viendo a Dios.

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En mi época de estudiante, durante un viaje a Zaragoza para ver a mi amigo Enrique, al que le dedico el libro, se lo conté y él me dijo: “Dani, ese es el tipo de historia que yo pagaría por leer”. Y esas fueron las palabras que sirvieron de ánimo para lanzarme a escribir la historia. Como podéis ver, por ahora, mi motivación era pura y cristalina. Ja. La cuestión es que sus palabras fueron definitivas para mí, porque sé que las decía de manera completamente sincera. Ya sabéis, los niños y los borrachos siempre dicen la verdad. Y en aquella visita no nos dedicamos a ver museos precisamente.

EL DIBUJANTE

Así que escribí la historia. Y la escribí en formato tebeo. Todavía no era una novela, eso vendría después. Yo estaba muy contento con el resultado del texto, y me sentía el próximo Alan Moore español. Ya tenía historia. Ahora había que encontrar dibujante. Y para mi sorpresa, la cosa fue bastante sencilla. Puse un anuncio en internet y Javier Ara fue el primero en contestar. Quedamos, le di el guión, lo leyó y me dijo que le gustaba y que haría las primeras 5 páginas para que pudiese presentar el proyecto a las editoriales. Podéis ver el maravilloso trabajo aquí.

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Ya lo tenía casi todo. Ahora solo faltaba la editorial. Así que cogí mis bártulos y me fui al Salón del Cómic de Barcelona en busca de editorial. Me acuerdo que me encontré con Isma, que hoy me permite hacer la presentación en su tienda. Y allí estaba yo con mis páginas de prueba, mi guión y mi ilusión presentándome a las grandes editoriales con la oportunidad de mi vida. Me acuerdo de Alejandro Martínez Viturtia, de Panini que llevaba todo Marvel en España.  Me acuerdo que me dijo algo así como: “Un proyecto muy ambicioso. Un dibujo correcto, pero con demasiadas elipsis. Fíjate en el gato. Primero está en la ventana y en la siguiente se está comiendo el ratón”. Yo pensé, leñe, es un tebeo, no una peli de Disney. Pero como todo lo que te decía lo hacía con una pipa humeante en la mano que se llevaba a la boca constantemente tú pensabas: “Tiene que ser cierto, porque fuma en pipa. La gente que fuma en pipa tiene que saber lo que dice. No pueden arriesgarse a parecer estúpidos”. De manera que mi primer intento se quedó como humo en el viento.

Y así fue con el resto de las editoriales, ese año.

Al año siguiente fui con más humildad, pero con más decisión. En Norma Cómics me llegaron a decir: “El proyecto es realmente bueno y nos encanta”. Yo ya estaba viendo que por la esquina del argumento se escondía un pero a punto de saltar y dar un susto y en unos segundos él chaval que me atendía dijo: “…pero…” (ahí estaba, predecible pero igualmente deprimente) “…si os llamaseis Neil Gaiman o Alan Moore nos sería más fácil venderlo”.

A lo que respondí: “Si sirve de algo, no soy muy escrupuloso sobre las cosas que pongo en mi boca o en mi culo”.

El chaval se rió de lo lindo, lo que demostraba que yo valía para escribir historias graciosas, “pero”, aquí lo tenemos de nuevo, pero no sirvió de nada. Y dejamos el cómic de lado.

En toda historia, hay un momento en el que el héroe parece derrotado por las circunstancias. Este fue ese momento en mi historia. Un momento oscuro de mi vida en el que empecé a preparar las oposiciones al Ministerio de Hacienda, que era como prepararse para el papel de Dustin Hoffman en Rainman, pero repitiendo artículos de la Ley General Presupuestaria.

SANTIAGO GARCÍA CLAIRAC

Yo solía estudiar en cafeterías. Y allí conocí a Santiago. Santiago se acercó a mí y comenzó a hablarme. Sus primeras palabras fueron: “¿Te gusta leer?” y yo pensé: “Mira qué mono. Quiere ligar conmigo.” Cuando me cercioré de que no se trataba de un depravado pedófilo, descubrí que él era escritor. Pero escritor de verdad. Me habló de su proyecto “El ejército negro” que terminó publicando con una primera edición de 70.000 ejemplares, hoy día, agotada. Lo que os demuestra que el hombre sabe lo que hace… y eso que no fuma en pipa. Resultó que teníamos muchas cosas en común. Santiago mostró interés en Luzius. Le gustaba la idea, tanto que llegó a dibujar el storyboard de todo el tebeo por si alguna vez se lo vendíamos a una productora de cine.

 

Y él fue el que me dijo: “¿Por qué no escribes Luzius como una novela? Y así lo hice.

Ahora tenía una novela. Necesitaba una editorial. Pero como con el tebeo, la aventura era realmente difícil. Buscar editorial era como ir a ligar a una discoteca. Yo me ponía guapo e intentaba mostrar lo mejor de mí y lo que podía ofrecer. Pero las editoriales son como las chicas guapas, sin ni siquiera ver qué es lo que puedes ofrecer ya te han rechazado. Así que hice lo que haría cualquiera que sale de la discoteca sin haber ligado. Me fui a casa, encendí el ordenador y me lo hice yo mismo.

Amazon daba la oportunidad de publicar tus novelas con bastante facilidad.

EL MENSAJE DE LA NOVELA

Porque los autores escribimos para el público. Y nuestras obras tan solo son enormes plagios de la realidad. Eso es lo que hacemos, plagiamos la realidad, la adornamos con empaques surrealistas, fantasiosos, cómicos… pero solo tratamos de reflejar la realidad de la particular manera que nosotros la vemos.

Y eso es lo que os ofrezco en Luzius: mi visión personal, crítica, oscura, cínica y divertida de la humanidad, donde elevo el punto de vista del lector hasta un nivel divino. Me olvido de las novelas típicas donde os cuentan una historia triste y oscura y os pregunto el mayor “What If” (Y si) que se puede preguntar: ¿Qué harías si fueses Dios? Rompo los límites de todo ser humano, me olvido de todas nuestras quejas, imperfecciones y excusas para no conseguir lo que realmente deseamos y se los concedo a Luzius como representante de la humanidad.

De manera que cada uno de los lectores puede irse viendo reflejado en sus actos o ir descubriendo por sí mismo que él o ella haría algo distinto. La historia de Luzius no es lo que yo haría, sino lo que yo creo que la mayoría de todos nosotros haríamos como un programa de 5 pasos similar al de la aceptación de una enfermedad terminal. Y que no os cuento porque para saberlo tenéis que leerla. Pero, en realidad, da igual cual sea mi intención, porque lo importante es que disfrutéis de ella y cada uno saque sus propias conclusiones, pero ya que habéis llegadohasta aquí y habéis aguantado toda esta chapa, merecéis este pequeño extra.

Luzius es en realidad una novela sobre la soledad.

La historia de un hombre completamente solo que obtiene el poder divino, para terminar dándose cuenta que ni siquiera teniendo todo lo que se puede desear, si uno está solo, la vida no merece la pena ser vivida.

Ahora ya sabéis lo que toca.

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