La Guía del Turista Extraordinario: Capítulo 1

20170609_195933.jpgLa aventura continúa.

Aquí tenéis el primer capítulo de lo que será la mayor y primera aventura de Hanna Erinson que, por desgracia, comienza con una terrible noticia y una gran sorpresa enigmática.

Capítulo 1

A Hanna no le quedaban lágrimas por derramar y, aun así, sus ojos se esforzaban en empujar las pocas que pudiesen quedar escondidas en su interior hacia el exterior. Todo había sido tan repentino. Tan inesperado.

Había sonado el teléfono y ella lo había cogido por inercia. Su padre estaba en el dormitorio echándose la siesta y su madre en la cocina. Si lo hubiese sabido no habría respondido. ¿Pero de qué habría servido? El resultado sería el mismo.

“¿Hola?” había respondido.

“¿Buenas tardes, podría hablar con Arthur Erinson por favor?”, había contestado una voz seria.

“Es mi padre, pero está dormido. ¿Quién le llama?”, preguntó ella.

“Le llamamos de la Embajada de España en Oslo, Noruega. ¿Podría despertarlo? Es importante”, escuchó al otro lado.

Ella todavía no sabía lo que vendría a continuación, pero el tono, la seriedad, una llamada de la embajada. Algo malo había pasado.

Hanna corrió a la cocina con el teléfono en la mano y lo alzó hacia su madre sin decir una sola palabra. Ella le miró sonriente, pero al ver su rostro lleno de miedo cogió el teléfono rápidamente. Tras unos segundos de presentación y confusión, Hanna vio a su madre llevarse la mano a la boca para ahogar un suspiro. Su mirada, siempre orgullosa y decisiva, se apagaba lentamente mientras bajaba hasta encontrarse con los ojos de Hanna que gritaban de miedo sin hacer el mínimo ruido.

Tenía trece años y sabía que sus padres pensaban que era una niña todavía. Pero ella sabía lo que estaba pasando. No conocía los detalles, pero no era nada bueno, ya que en cuanto sus miradas se cruzaron su madre giró la cabeza rápidamente para mirar por la ventana y llevarse una mano al pecho. Y eso solo lo hacía cuando no quería que su hija viese que estaba llorando o a punto de llorar.

Hanna permaneció allí. Quieta. En silencio. Esperando a que su madre terminase de hablar. Y cuando lo hizo buscó de nuevo su mirada. Pero ella no se atrevía. Puso una mano sobre su melena rojiza y le dijo con voz apagada, casi en susurros:

“Ssssshhhh, ahora no”.

Hanna quería protestar. Deseaba saber qué estaba pasando. Qué había pasado. No era justo que no se lo dijera.

Pero algo en su interior le paraba. En realidad, tenía miedo a saberlo. No era tonta. Cuando no era algo importante la respuesta de sus padres siempre era de enfado. Pero esta vez no. Esta vez su madre tenía miedo también. Y eso lo hacía mucho más terrorífico. ¿Qué podía asustar a su madre? Así que permaneció allí de pie dejando que el peso de la mano de su madre fijase su cuerpo al suelo y le impidiese salir corriendo a esconderse en su cuarto.

Tras unos segundos en silencio, su madre retiró la mano de su cabeza y dijo sin mirarle: “Voy a despertar a tu padre”.

Ella se quedó allí petrificada.

Su madre caminó por el pasillo de la casa despacio. Más despacio de lo que nunca lo había recorrido. Como si una fuerza invisible le impidiese llegar hasta su dormitorio.

Hanna le vio detenerse frente a la puerta, respirar hondo y empujar la puerta con sumo cuidado.

Solo cuando que estuvo dentro ella se atrevió a caminar también muy despacio hacia la habitación.

Se quedó fuera, con la espalda pega a la pared. La voz de su madre llegaba amortiguada por la puerta semi-cerrada. No entendía lo que estaba diciendo. Pero no le hizo falta. Lo que vino a continuación llegó a sus oídos con sorpresa, porque nunca antes lo había oído. Su cerebro no lo pudo entender al principio. No tenía sentido. Pero al final la lógica se impuso y reconoció a la perfección, aunque fuese por primera vez en su vida…

… el llanto de su padre.

Oír llorar a su padre fue demasiado para ella.

Salió corriendo hacia su cuarto. Allí no podía oír cómo su padre lloraba. Sin embargo, el sollozo que había escapado de la habitación y había llegado a sus oídos parecía haber anidado en su cabeza y no quería escapar. Y con solo recordarlo sus ojos se llenaban de lágrimas también. Su pecho no podía controlar en aire dentro de los pulmones y salía entre hipidos que le hacían temblar todo el cuerpo.

Lloró.

Lloró hasta que los ojos, la garganta y la cabeza le dolieron.

Hasta que los mocos impregnaron las sábanas de su cama y toda la almohada.

Lloró hasta que era imposible que salieran más lágrimas.

Lloró porque su padre lloraba. Porque en su interior algo le decía que los padres no lloraban, a menos que fuera algo realmente importante y triste.

Lloró porque no quería llorar.

Porque no quería oír llorar a su padre.

Lloró porque no podía parar.

Lloró… hasta que paró.

La respiración volvió tranquila. Todavía tímida, daba pequeños traspiés y se entrecortaba de vez en cuando. Pero poco a poco logró respirar de manera continua y controlada.

Se incorporó en su cama y abrazó su almohada con fuerzas. Estiró su brazo para coger un paquete de pañuelos de papel y se limpió los mocos ruidosamente. Hacer una acción tan vulgar como aquella le devolvió a la tierra. El sonido trompetero casi le hizo reír. Pero entonces escuchó cómo la puerta de su cuarto se abría.

Su respiración se detuvo nada más ver la figura de su padre en la puerta. Casi no lo reconocía. Aquel hombre débil, con los hombros hundidos, con los ojos oscuros y la mirada rendida no podía ser su padre. Pero lo era. E instintivamente abrazó más fuerte la almohada.

“Hanna”, había dicho con la voz quebrada. Y ella escondió la mitad de su rostro tras la suave tela intentando que el golpe emocional no fuese tan duro. “El abuelo Uri…”

Pero la voz de su padre terminó por romperse sin llegar a terminar la frase. Sus miradas se cruzaron y todo se entendió sin palabras hasta que, segundos después, su visión se emborronó por otro torrente de lágrimas que llegaban desde donde ya no quedaban.

Su padre la abrazó y lloró con ella. Los dos se mecieron en la cama sin decir nada.

Y pasados minutos, o puede que horas, Hanna no lo sabía, su padre comenzó a hablar. Despacio. Entrecortando sus palabras con fuertes sorbidas de mocos. Se lo explicó como pudo. Como supo. Le preguntó si lo entendía. Ella contestó que sí, sin saber siquiera si lo entendía de verdad o no. Y después de un beso en la frente la volvió a dejar sola en su habitación.

Escuchó a sus padres hablar. Sus susurros llegaban lejanos desde el pasillo. Ella no sabía qué hacer, cómo reaccionar, qué decir. Nunca se había sentido tan sola ni tan triste. Imágenes de su abuelo Uri llegaban a su mente. No las quería allí. Eran demasiado dolorosas. Pero al mismo tiempo no quería que desaparecieran de su memoria. Le dolían y le reconfortaban. Eran difícil de entender.

De repente un “pling” llamó su atención.

Era su móvil. Había recibido un mensaje.

Hanna se levantó reticente para recoger su teléfono de la mesilla.

Pulsó la clave que daba acceso a la pantalla principal y vio el aviso de mensaje entrante.

La visualización previa indicaba “Número desconocido”. Y al pulsar para acceder al mensaje su corazón dio un vuelco.

El mensaje decía:

“El final de un viaje solo es el principio de la próxima aventura”.

Aquella era la frase que siempre decía su abuelo.

Con las manos temblorosas escribió:

“¿Quién eres?”


¿Quién le escribe?

Eso no lo podréis saber hasta el siguiente capítulo.

Y, como siempre, mientras esperáis, podéis leer mis otras novelas.

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Italia se rinde ante Apocalipsis No

0255c7a73bab141dadc9840942af0301-10192-1504585562.jpegPara qué voy mentir.

Ni siquiera me había enterado de que la selección española de fútbol había goleado a la selección italiana.

Pero la portada me la ha enviado mi primo y me ha hecho gracia.

Está claro que el título de mi novela funciona si otros utilizan el mismo juego de palabras.

Pero es que además, teniendo en cuenta la superioridad hispana, en mi novela podréis ver una nueva y singular España que no solo triunfa en fútbol sino en mucho más y os hará sonreír de oreja a oreja.

Sin lugar a dudas, una de mis mejores invenciones.

Pero para saber de qué hablo tendréis que comprar la novela.

😉

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La Guía del Turista Extraordinario: Una aventura de Hanna Erinson

Icelan CairnEl pasado Julio me fui de vacaciones a Islandia. Un país tan caro que da vergüenza pero precioso. Tan lleno de vegetación y naturaleza, tan vacío de gente y tan distante y aislado que me inspiró para mi próxima saga de novelas. Sí, habéis oído bien. No será una sola novela sino una colección completa de novelas juveniles que tendrán como título “La Guía del Turista Extraordinario”.

Desgraciadamente sé que me va a llevar mucho tiempo terminar la primera de todas. Pero hoy, por primera vez en mucha tiempo he vuelto a escribir, por lo menos, el Prólogo. Y sé que cuando escribo el prólogo ya he empezado. Como dice el proverbio:

“Un viaje de diez mil kilómetros comienza con un solo paso”.

Y ese primer paso es el prólogo.

Aquí os lo dejo para quién quiera leerlo:

Prólogo

Había dejado atrás los campos humeantes de lava. El calor asfixiante se había convertido en ráfagas de viento helador al salir a la superficie. El exterior era gélido como sólo podía serlo en aquellas longitudes del planeta. La noche, si es que aquella luz ambarina que se llegaba desde el horizonte se podía llamar noche, era despejada, lo que hacía que el calor del ambiente se escapase aún más rápido hacia la atmósfera, y él había dejado cualquier ropa de abrigo en el interior. Solo correr le mantenía en calor. Por desgracia, correr a su edad no era una opción que pudiese mantener durante mucho tiempo. Hacía muchos inviernos que había dejado atrás la juventud. Pero todavía quedaba algo de fuego en su viejo corazón y miedo suficiente en sus piernas como para forzar la máquina al máximo.

Por un segundo pensó en dirigirse dónde había dejado su coche. Pero su cerebro descartó la idea enseguida. Si iban tras él, el coche sería el primer lugar donde le esperarían y no había vivido todos esos años cometiendo errores de principiante.

Vadeó las colinas, siguió las corrientes subterráneas aprovechando las fumarolas. El olor sulfuroso a huevo podrido que supuraba la tierra constantemente escondería su rastro y le daría algo de ventaja. Pero aun así el eco de sus propios pensamientos le iban repitiendo con cada pulsación: “no lo conseguirás viejo”.

Y sabía que tenía razón. Pero rendirse no era una opción.

Se detuvo un segundo a recuperar el aire. Posó sus manos sobre sus rodillas para aguantar el peso de su cuerpo, preguntándose a sí mismo quién aguantaría el peso de sus piernas. Respirar costaba demasiado. Su pecho subía y bajaba pesaroso y con esfuerzo. Podía notar un sabor metálico en la garganta. Posiblemente estaba sangrando. Pero no era momento de preocuparse de eso. Levantó la mirada y vio a lo lejos una gran nube de vapor blanco brillante. Las luces de uno de los balnearios de la zona se reflejaban en la torre de agua que se evaporaba de las termas. Si conseguía llegar allí a lo mejor tenía una posibilidad.

Pero era mucho pedir.

A lo lejos, pero no tan lejos como a él le gustaría, pudo oír el ruido de sus perseguidores. No era un aullido. Allí no había lobos. Y ojalá los hubiera. No. Aquellos ruidos provenían de otros seres mucho más peligrosos que simples lobos. Y ya fuera el sonido de aquellos gruñidos en la fría noche o el sudor de su espalda bajando por su nuca, el miedo comenzó a bombear de nuevo sangre a sus venas y movilidad a sus piernas sin importar la edad de ambas.

Con pasos torpes saltaba entre las rocas del camino. Corría ya sin seguir el olor podrido de las fumarolas. Estaba claro que esconderse ya no era una opción. Giró a la izquierda. Escaló el desnivel que había entre la carretera y el exterior empedrado. Por lo menos un firme liso le haría correr con más seguridad y más rápido. El aire entraba helado en sus pulmones quemándole la garganta. Pero aún era más helador el ruido de sus perseguidores.

Sus rodillas se quejaban con fuertes pinchazos. Y cada vez que levantaba la vista, las luces del balneario no parecían estar más cerca ni un solo metro. Sin embargo, el sonido de lo que fuese que le estaba buscando se distinguía en sus oídos cada vez más cercano.

Sin dejar de correr se permitió echar una mirada atrás y cuando vio un brillo rojizo en lo alto de la colina su mente volvió a decirle con tono triste: “ahora sí que no lo consigues viejo”.

En ese momento se detuvo. Pero no fue decisión suya.

En el corto periodo que había dejado de mirar la carretera se desvió un poco y sin verlo tropezó con un montículo de piedras.

Cayó al suelo rodando un par de metros por el suelo. Su cabeza golpeó una de las rocas y la sangre comenzó a caer por su frente cegándole en el ojo derecho. El miedo le hizo intentar levantarse, pero la vejez jugó en su contra. El tobillo izquierdo no podía sostenerle. Y el sonido de sus perseguidores se hacía cada vez más cercano.

“Estás acabado viejo”, se oía a sí mismo decir.

Se llevó la mano a la frente y se limpió la sangre de la cara. La visión todavía era borrosa, pero cuando vio el montículo con el que se había tropezado casi se echa a reír.

Medía un metro y medio, más o menos. Consistía en decenas de piedras apiladas juntas a modo de cono achatado que terminaba en una forma redondeada.

Los aullidos, si es que se les podía llamar así, sonaban más cerca. Y el terror se apoderó de sus manos.

Del interior de una bolsa que le colgaba del hombro sacó un libro y una gafas. Sus manos temblaban, sin saber si era por el frío, las prisas o el miedo. Pero abrir las páginas estaba resultando estúpidamente difícil, y ponerse las gafas aún más.

No era capaz de ver a sus perseguidores, pero podía oír cómo las piedras se movían a su paso y cómo el mismo suelo temblaba conforme se acercaban.

“No tienes mucho tiempo, viejo. Más vale que tengas suerte”, se dijo a sí mismo cuando encontró la página que buscaba.

Se colocó las gafas ignorando el temblor de sus manos, de sus piernas y el del suelo, que anunciaba la llegada de un destino que llevaba evitando demasiado tiempo. Miró la página adecuada con atención para después mirar el montículo con más detenimiento. Volvió a mirar el libro y al montículo como quien compara fotografías con la realidad. Y cuando creyó detectar lo que estaba buscando, estiró la mano, presionó varias rocas y un hueco se abrió en la base. Con rapidez se quitó las gafas, cerró el libro y lo guardó todo en la bandolera de viaje. Lo introdujo en el hueco del montículo. Se inclinó sobre él, susurró unas palabras a la cima mientras presionaba otro par de rocas seleccionadas y el hueco se cerró.

Cuando escuchó el sonido de las rocas deslizarse unas con otras y pasó la mano sobre ellas para ver que no había espacio entre ellas que permitiese ver ningún hueco dejó caer el peso de su cuerpo sobre el montículo.

“Se acabó”, se dijo a sí mismo.

Su respiración se ralentizo. No tenía escapatoria. Y eso le hacía enfrentarse a lo que venía con tranquilidad. Sus perseguidores también lo sabían. Y por eso ya no corrían.

Uri Erinson parecía dormir apoyado sobre el montículo. No necesitaba comprobar que lo que le perseguía ya no lo hacía más.

Y, aun así, cuando abrió los ojos… el monstruo estaba allí.

-Llegas tarde, – le desafió con una sonrisa, sabiendo que al día siguiente su nieta Hanna recibiría la peor de las noticias.


 

Espero que os haya gustado.

Como he dicho, por desgracia, todavía queda mucho para que la termine, pero siempre podéis esperar leyendo alguna de mis anteriores novelas.

😉

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Don’t download Luzius

london_luziusHe vuelto a retomar el proyecto de traducción de Luzius y en breve, espero, se podrá disfrutar de la novela en inglés.

Pero mientras tanto he encontrado una página pirata que permite descargar Luzius gratis.

Se trata de esta:

http://bookinnerdland.blogspot.com.eg/2017/05/luzius.html

Tened mucho cuidado de donde os descargáis mi novela, piratas indecentes, porque aunque esta página dice lindezas sobre mi novela tales como que mi novela influenciará positivamente las mentes de aquellos que la lean, en un inglés lamentable, la página dice exactamente lo mismo para todas las novelas que permite descargar.

Y teniendo en cuenta que Luzius todavía no está disponible en inglés, el hecho de que los comentarios los haga en la lengua anglosajona ya te hace sospechar que el archivo de descarga viene en forma de caballo de troya. Y a falta de una rima con más gracia, simplemente diré que no recomiendo su descarga.

De hecho recomiendo comprarla, como siempre digo.

La novela cuesta 3 euros.

Menos que el cine, menos que un cubata, menos que un pincho en San Sebastián…

Así que no me seáis roñas.

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Cuando eres lo suficientemente bueno como para que te plagien 2

He descubierto que “Libros Madrid”, “BrasiliaBooks” o lo que quiera que sea esta página de descarga de libros gratuita ofrece mis dos últimas novelas.

Una vez más la informática al servicio del pirata.

Desconozco si hay un programa informático que automáticamente detecta las nuevas publicaciones y lo prepara todo para que los libros estén disponibles para su pirateo o si, de verdad, hay una horda de duendes con argollas en los tobillos anclados a unas mesas de escritorio con ordenadores para que en cuanto haya una nueva publicación piquen código suficiente para que la magia del pirateo sea posible.

Seguramente esos elfos están mal pagados. Pero eso es otro tema.

Voy a hacer lo mismo que dije en su día con Luzius.

Os facilitaré la cosa para que en lugar de gastaros unos euros en un libro que podría costaros menos que una cerveza os los ahorréis. Así como el tiempo que supondría encontrar una página para descargarse el libro.

Aquí tenéis los enlaces:

Descargar Apocalipsis No                                     Descargar Cuestión de Fe

Portada sin Contra

Cuestión de Fe

 

Ahora bien, vuelvo a decir lo mismo que dije en su día.

¿Quieres descargarte las novelas gratis porque no sabes si te merece la pena gastarte el dinero?

Ahí tienes los enlaces.

Pero si te lo descargas, te lo lees y te gusta.

COMPRA LA NOVELA

Cómprala porque has disfrutado y te has entretenido. Y lo has hecho gracias a mí. Gracias a mi trabajo, a mi esfuerzo y a mi empeño por seguir escribiendo pese a que la mayoría de la gente ni me conoce o prefiere ahorrar para una cerveza más en lugar de para comprar un libro.

Cómprala por que me lo debes.

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Y si las vacas volasen

flying-cowSiempre he odiado los zombis.

No son un monstruo clásico que me guste. Y tampoco me han cautivado las versiones actualizadas tipo “The Walking Death”.

Pero la idea de un mundo postapocalíptico siempre me llamó la atención. El espíritu revolucionario del quemarlo todo y volver a empezar. Someter a la humanidad, o a diferentes personajes ante la posibilidad de romper todos los esquemas y tener que reorganizar todo lo preconcebido y pre.estructurado es algo que siempre me ha maravillado. Porque, en esencia, es la historia del cambio en todos nosotros.

Sin embargo, los apocalipsis zombies o los apocalipsis nucleares o, incluso, los apocalipsis de invasiones alienígenas estaban muy vistos y demasiado manidos.

Pero un ¿apocalipsis fallido?

No, eso todavía nadie lo había probado. Y lo que es más divertido. Cuando se trata del auténtico apocalipsis, el apocalipsis bíblico que se supone es el fin de todo, pero no funiona, ¿qué se supone que pasa después?

Esa es la premisa de Apocalipsis No.

¿Qué ocurre cuando el gerente del universo abandona el edificio y no hay nadie para velar por las leyes de la física o… la metafísica?

El caos. El caos más absoluto. Donde de nada sirve que sepas matar zombis o tengas todas las pegatinas de los boy scouts. Porque nada funciona como debería. Y aunque funcione, no sabes si seguirá funcionando por mucho tiempo.

Di adiós a Dios.

😉

Y lee: “Apocalipsis No”

Porque, ¿qué pasaría si las vacas volasen?

Que cualquier otra cosa, igual de estúpida, también podría pasar.

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American Gods Vs Cuestión de Fe

900Acabo de terminar de ver la primera temporada de American Gods y me ha parecido estupenda.

Un poco difícil de seguir para aquellos que no se hayan leído el libro.

Pero increíblemente bella de ver.

Todos los críticos la están poniendo por las nubes, de lo que me alegro una barbaridad.

Pero esto sirve también para reafirmarme en mi opinión de que “Cuestión de Fe” es la mejor novela que he escrito y que podría competir con American Gods al mismo nivel.

Y, ¡qué narices!

Hasta vencerla.

¿Por qué?

Porque American Gods introduce una enorme cantidad de folclore clásico desconocido para la mayoría de la gente como dioses africanos, indios, árabes, etc. Lo que hace que uno se pierda realmente mucho del significado. Es cierto que lo bien hecha que está la serie hace que te dé un poco igual y qué disfrutes simplemente de las imágenes, casi sin importar la trama, que mucha gente ni siquiera llega a entender por su misticismo.

Cuestión de Fe es mucho más simple.

En Cuestión de Fe te encontrarás con:

  • Justice (la justicia), la dueña ciega de un prostíbulo de lujo que sólo aquel con suficiente dinero se puede permitir.
  • True (la verdad), una de las prostitutas transexuales que regenta Justice, que será lo que tú quieres que sea, sin importarle cuánto abuses de ella.
  • Capi (el capitalismo), el portero de la Bolsa de Nueva York, que te abre las puertas a nuevas posibilidades.
  • Saturno (el comunismo), el hermano gemelo de Capi, que se dedica a dar discursos en la calle que nadie escucha sobre cómo su hermano se dedica a comerse a sus hijos y los somete a su tiranía.
  • Liberty (la libertad), una camarera encantadora que es lo que quiere ser, como no puede ser de otra manera.
  • Odín (sí, el mismo Odín que estás pensando), un mendigo abandonado en el metro que dedica sus días a escuchar las noticias que le narra la cabeza de de su tío Mimir, y que todavía conoce los caminos de la Magia.

Y Loke, las Reglas, la Magia, la Suerte, la Esperanza… un elenco inmenso, como sólo pueden ser las creencias de la humanidad, vistas como siempre te las has imaginado en realidad, pero nunca te habías dado cuenta hasta que lo estás leyendo.

Una novela donde Harry Potter, bueno, Warrick, el mago adolescente (no queremos que nos acusen de plagio), puede ser el pinocho más poderoso de la historia. Donde El Señor de los Anillos (llamémoslo The Lord of the Kings” que suena igual pero no lo es) se codea con el Cristianismo y el Islam en los altares religiosos, porque pasar de la ficción a la deidad, como bien dice el título, es una …

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En serio lo digo, no es un truco publicitario.

Si te ha gustado American Gods, con Cuestión de Fe, lo vas a flipar.

 

Y por supuesto, esto sí es un truco publicitario: Si ya te has leído Cuestión de Fe, no te olvides de mis otras novelas.

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