Vender novelas: El arte de la Prostitución

vengo-a-hablar-de-mi-libroHace ya unos años presenté mi obra juvenil Othan en el Festival de Fantasía de Fuenlabrada.

Nos encontrábamos 5 ó 6 artistas noveles presentando nuestras obras y siendo entrevistados por los allí presentes.

La pregunta más tópica que se puede hacer a un escritor es:

“¿Y tú por qué escribes?”

Y a esa pregunta respondieron todos mis compañeros con una retahíla aún más tópica si cabía, repleta de: “Porque me lo pide el cuerpo”, “Porque es el oxígeno para mi alma”, “Yo escribo para mí, no para los demás”, “Porque tengo una historia dentro que necesito sacar”… y así un buen rato de respuestas que yo veía sin sentido y a las que replicaba en mi mente con mala leche y un cinismo que me caracteriza más que las motas de chocolate a las Chips Ahoy.

Llegó mi turno y cuando me hicieron la misma pregunta, automáticamente respondí:

“Yo lo hago por la pasta”.

Y me quedé más ancho que largo.

El público estalló en carcajadas. Y, más aún, mis compañeros también. Incluso una de las autoras (ya me jode decirlo, pero ahora tiene mucho éxito vendiendo sus novelas) se atrevió a soltar un comentario al micrófono con mofa, diciendo:

“Pues ya puedes dedicarte a otra cosa. Porque vivir de tus obras es prácticamente imposible”

Todos asentían como muñecos de coche de cuello suelto. Y el público le daba la razón con asentimientos de cabeza también desde las gradas.

Fue entonces cuando me dediqué a dar mi verdadera respuesta. Que fue la siguiente:

“Tienes toda la razón. Vivir de tu escritura es muy difícil, pero es básicamente lo que estamos intentando todos los que estamos en esta mesa ahora mismo. Si no es así, si escribes para ti y no para el público, te invito amablemente a coger tu historia, llevártela a tu dormitorio y leértela a ti misma una y otra vez hasta que te quedes dormida. O si lo prefieres, simplemente regálala a todos los presentes en lugar de pedirles que paguen 15 euros por cada ejemplar.

Yo también escribo por todas las razones que han dicho todos mis compañeros. Es algo que disfruto, que me apasiona y que necesito hacer como el tiburón necesita moverse constantemente para respirar y no morir. Lo hago por pura superviviencia personal. Si no escribo reviento y muero. He escrito ya varias obras. Ninguna de ellas ha sido lo suficientemente exitosa como para permitirme dejar mi trabajo y dedicarme a ello a tiempo completo. Y aun así, sigo escribiendo. Ahí tienes la prueba.

No obstante, ahora una editorial ha apostado por mí. La editorial ha creído que mi obra era lo suficientemente buena como para que a la gente le guste, como para que la gente disfrute con ella y, así, invertir dinero en publicarla y esperar recuperar e incluso ganar dinero con ella. Es por eso, que ahora que me publican y ya he escrito la obra terminada. Ahora lo hago por la pasta.

Y ya que mis demás compañeros solo escriben para ellos y yo escribo para el público. Os invito a todos a comprar mi novela y no la suya.

Seré bueno. Comprad todas y así podréis disfrutar de todas las historias. Pero sus editoriales me den a mí su dinero.”

Más o menos es eso lo que dije. Aunque sonaba más divertido cuando leo dije.

A la salida de la convención, el público se acercaba a mí para darme la enhorabuena. Me decían: “Por lo general las presentaciones son aburridas, pero contigo nos hemos reído. Y además lo que dices es cierto. Al final todo autor lo que quiere es que le compren”.

Fue entonces cuando a uno de ellos le conté la verdadera revelación que descubrí en aquella presentación.

“Mira. No me conoces. NO conoces ninguna de mis obras. No sabes siquiera si es buena o no. Si te gustará o no. Y eso os pasa a todos los que habéis venido con todos los autores noveles. Es muy difícil vender un libro. No te puedo contar el final. No puedo desvelar más de lo necesario. Y con eso no enganchas a nadie. Así que los autores tenemos que encontrar otra manera de atraeros. Y la única manera es atraeros hacia nuestra personalidad. Haceros pensar: “Hey, no sé si el libro de este tío será bueno o no, pero él es gracioso.” Y si conseguimos pensar que somos graciosos o ingenioso o puede que simplemente una buena persona que dice la verdad cuando habla, puede y, solo puede, que lleguéis a la conclusión de que lo que escribimos puede ser gracioso o ingenioso o, simplemente, sincero y bien intencionado. Y, a veces, con eso basta.

Si a eso le sumas que mi obra es cojonuda. Bueno, pues el negocio está hecho”.

Con este último chascarrillo estreché la mano del hombre que me aseguraba ir ahora mismo a comprar mi libro terminé la presentación, dándome cuenta de que todo lo que acababa de improvisar era en realidad una gran revelación incluso para mí mismo.

Si quería vender mis libros tenía que demostrar al público que era un tío ingenioso, gracioso y con una gran imaginación. Tenía que venderme a mí mismo, tenían que probarme a mí primero para dilucidar si mi producto era el que les podría gustar.

Y en ello estamos.

Así que aquí están mis obras a la espera de la siguiente, que ya lleva 170 páginas.

Pincha en la imagen para comprar el libro

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