Lee el Prólogo de “Apocalipsis No” en exclusiva

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Llevo una mala temporada.

No escribo nada y el trabajo me tiene absorbido.

Y eso tiene que cambiar.

Así que voy a hacer una cosa.

Aquí tenéis el prólogo de mi próxima novela. Una novela completamente alocada y original que en su momento me tenía obsesionado, como debe obsesionar una historia para que salga adelante.

Tardaré en terminarla. Tardaré más de lo que deseo. Pero mostrando un poco de ella puede que me anime a sacar tiempo de donde no lo hay para continuar.

Hoy el prólogo.

Otro día, os mostraré el primer capítulo.

Y veremos qué pasa.

Ya llevo 133 páginas.

Así que ya he escrito lo suficiente como para no echarme atrás.

Así que aquí tenéis lo prometido.

APOCALIPSIS NO

de Daniel Ortiz Amézaga

y

Charles Samuel Burtlet

PRÓLOGO

En las navidades de 2011 un milagro tuvo lugar en la Tierra. Un milagro que cambiaría el universo tal y como había sido conocido hasta entonces.

 Por primera vez en dos mil años, Dios se apareció de nuevo a los hombres. Su rostro, su imagen, cubría el cielo como una proyección publicitaria. Pero no solo eso. Los ciegos podían verlo. Incluso aquellos que no habían sido castigados con la ceguera cerraban sus ojos y, aun así, la imagen aparecía en sus mentes.

“Soy Dios” fueron sus primeras palabras. Y todo ser en la faz del planeta las escuchó y las entendió en su propio idioma.

“El único y verdadero” añadió.

A lo que siguió un silencio rencoroso mientras su mirada airada se vertía en aquellos que profesaban una religión distinta a la suya… una religión falsa.

“Ha llegado el día del juicio” continuó mientras el planeta aguantaba al unísono la respiración y dejaban la atmósfera prácticamente vacía.

“Y, sin embargo, no tendrá lugar”.

En ese momento, la humanidad soltó aliviada el aire acumulado de golpe, haciendo de la Tierra una gigantesca tetera hirviente.

“Puede que os sintáis satisfechos, aliviados… pero pronto eso cambiará”.

Su voz escupía un resentimiento que se clavaba en los corazones sin piedad.

La imagen cambió en el cielo y en sus mentes. Un hombre apareció ante la humanidad. No se movía, no hablaba. Tan solo posaba como una fotografía proyectada en una diapositiva. Sus hombros caían pesados, encorvado sobre sí mismo parecía una marioneta con los hilos cortados. Su mirada era triste y sus labios estaban acostumbrados a mostrar decepción.

“Él es vuestro… salvador. Él es el culpable de lo que está por venir y a quien deberéis pedir explicaciones. Pues hoy abandono esta existencia. Marcho dejando mi obra inacabada por culpa de uno solo de vosotros. Y sin embargo, todos sufriréis las consecuencias.

Adiós hijos míos.”

Y tal como apareció… se fue.

“Es un truco” es lo que más se escuchó por la faz del planeta. “¿Qué es lo que venden?” no quedó atrás en las encuestas, seguido muy de cerca por “Me lo imaginaba más alto” y “¿No crees que tiene voz de pito?”

El mismísimo Dios sintió vergüenza de sí mismo, pues, al fin y al cabo, aquella panda de tarados que no sabía lo que les venía encima… eran su creación.

Pero ya daba igual, Dios se largaba de allí sin siquiera mirar atrás.

Y llegó el momento en el que el mundo se fue a la mierda.

El sol parpadeó dejando a todos los científicos del planeta boquiabiertos y a la humanidad con el alma encogida y la ropa interior más sucia.

Peter Levovitz salió en todos los noticiarios del mundo. Se había pegado un tiro en la sien. Dos agujeros cruzaban su cráneo en la trayectoria de la bala aireando su sesera. Él mismo lo contó frente a las cámaras mientras el periodista miraba estupefacto lo que debería ser claramente un cadáver.

Muchos le siguieron, hasta que el número de gente sin morir fue tan grande que dejó de ser noticia de interés. Los milagros… o lo que se creían que eran milagros, se sucedían uno tras otro por toda la faz de la Tierra.

Cundió el pánico. Vaya si cundió. Robos, destrozos, intentos de asesinato y suicidio que nunca llegaban a tener éxito. Como un tsunami, la locura, el desconcierto y la desesperación se cernió sobre la humanidad.         

Pero hasta del caos se aburre el hombre. Y cuando vieron que nada tenía pinta de cambiar, comenzaron a pensar en qué hacer a partir de entonces. Pronto, solo sería una anécdota, una fecha a recordar. La gente se juntaría en las cafeterías, en el trabajo, en la calle y se preguntaría:

¿Dónde estabas el 11 de septiembre? ¿Dónde cuando el hombre llegó a la Luna? ¿Dónde cuando asesinaron a Kennedy?

¿Dónde cuándo todo casi se va al carajo?

Michael Havock lo sabía perfectamente, porque minutos antes de todo aquello estaba desnudo frente a la mujer más hermosa que Dios hubiese creado jamás mientras ella le miraba con deseo lascivo desde la cama.

Michael estaba a punto de provocar…

… el APOCALIPSIS.

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