Cuestión de Fe: Capítulo 1-4

Bajo las sábanas

Señoras y señores, es viernes, y eso significa que toca continuación del capítulo de Cuestión de Fe.

El trozo de hoy es importante porque además de presentar a otro de los personajes principales de la gran trama muestra una dinámica esencial que se repetirá cada vez que aparezca este personaje, que sólo se puede comunicar a través de las letras de sus libros.

Así que disfrutadlo.

Aquí lo tenéis:

David Radcliffe se encontraba bien resguardado del frío dentro de su cama. Las noches de noviembre en Aberdeen eran frías y húmedas. Su madre le había mandado apagar las luces hacía una hora, pero él se había zambullido debajo de las sábanas con una linterna. Había cambiado las pilas viejas por unas nuevas para que le durase lo máximo posible. Tumbado boca abajo con los pies levantados para hacer hueco en el interior de la cama había abierto el último libro de la saga de Warrick, el mago adolescente. Tenía toda la colección y había tenido que esperar más de cuatro horas de cola para conseguir este último en la librería del centro comercial. No iba a esperar una noche para poder leerlo. Al día siguiente tendría tanto sueño que seguro que se quedaba dormido en clase y se metería en un lío. Pero merecía la pena.

            “Warrick llevaba su varita en la mano. Había escuchado un ruido estremecedor que provenía del jardín trasero. Tenía prohibido usar magia en casa de sus tíos. Pero su eterno enemigo Volemort podría estar acechándole.”

El libro no podía empezar mejor. Las manos de David temblaban al sujetar las páginas. Su respiración se aceleraba mientras absorbía las palabras escritas en cada página.

“–No te tengo miedo –gritó al viento el joven mago –. Tengo mi varita y la protección de la Orden Ancestral de Magos de Londres. Sal y enfréntate a mí si te atreves.”

David sacó una mano por debajo de las sábanas y tanteó el suelo. Tras un par de intentos palpó un trozo de madera que sabía que tenía que estar tirado debajo de la cama. Y un segundo después su mano derecha sujetaba una réplica de la varita de Warrick. David estaba preparado para la acción.

“– ¿Maestro es usted? –se escuchó desde la oscuridad –. Soy yo Robins.

El joven mago relajó su brazo y la varita apuntó hacia el suelo. Sin embargo, Warrick seguía tenso.

–Oh, Robins, me alegro de verte. Esperaba noticias tuyas mucho antes –respondió el joven Warrick escrutando la oscuridad más allá de la ventana.”

–¿Pero quién es ese Robins? No ha salido en los libros anteriores. –se le escapó a David. Enseguida cerró la boca y apagó la linterna. Levantó tímidamente la sábana y esperó unos instantes para ver si su madre se había dado cuenta de que no estaba durmiendo. Cuando pasó lo que él creía un tiempo prudencial volvió a encender la linterna y abrió de nuevo el libro.

“La luz del atardecer se colaba por el enorme ventanal de la oficina. Warrick se encontraba sentado cómodamente en su silla mientras se inclinaba para esnifar otra raya de cocaína…”

–¿¡Cómo?! –exclamó David volviendo la cubierta del libro para asegurarse de que estaba leyendo el libro correcto. Y para su sorpresa, así era. Así que continuó, pese a que no existía lógica alguna.

“Dos hermosas mujeres desnudas entraron sin ser avisadas. Sin que nadie les dijera nada, se acercaron al escritorio. Lindsay, pelirroja y esbelta se arrodilló bajo la mesa y desabrochó los pantalones del joven. Beth, morena y de curvas pronunciadas, se inclinó sobre el cristal y sorbió otra raya mientras Warrick le acariciaba suavemente. Robins lo miraba todo con los ojos como platos.”

Como platos tenía los ojos el joven Radcliffe mientras leía sin poder creerse lo que veía.

“–Lo siento mi señor –comenzó a disculparse Robins mientras miraba de reojo a las dos prostitutas –. No creo que sea posible prepararlo todo para dentro de un año.

El joven mago empujó a Lindsay tirándola al suelo. Beth se asustó y se apartó del airado cliente mientras Warrick enrojecía de furia.

–No quiero excusas –le dijo –. Nuestros planes son demasiado importantes como para que ahora… –

–Pero señor… –le interrumpió Robins. Y antes de que pudiese decir una palabra más el joven mago sacó una pistola de uno de los cajones del escritorio y disparó al hombre en plena cara. Su cuerpo cayó a plomo en el suelo. Las dos prostitutas se apartaron rápidamente del joven y se abrazaron la una a la otra.

Dos segundos después de oírse el disparo, la puerta del despacho se abrió con tal fuerza que el aire de la oficina se removió violentamente levantando y tirando los papeles de la mesa. Un hombre vestido con un traje negro impecable apareció tras la puerta. Sus ojos, azules como el mismo cielo, absorbieron lo que estaba ocurriendo y su mueca de preocupación cambió a la exasperación.

–Oh, Sam –dijo Warrick sin inmutarse mientras volvía a guardar la pistola –. Ya que estás aquí, ¿te importaría limpiar este estropicio? Y ocúpate de las tareas de Robins ¿quieres?

Sam asintió. Su pelo rojizo ondeaba como una llama en el aire, pero no había brisa alguna. Aunque sus movimientos mostraban sumisión, el azul de sus ojos se tornó gris. Un gris que amenazaba tormenta.

–Y ustedes señoritas –siguió Warrick sin dejar que la situación le molestase –. Creo que tenían algo entre manos.”

David pasó la página con rapidez. Aquello no eran las aventuras de magia y fantasía que esperaba. No entendía nada en absoluto pero definitivamente era mucho mejor que todo lo que había leído hasta ahora.

“Había llegado el día de volver a la escuela de magia. Warrick lo había esperado tanto como el Día del Regalo del Trol de Diciembre…”

El joven releyó el inicio de la página e intentó encontrar sentido. Volvió una página hacia atrás para asegurarse que no se había saltado ninguna. Buscó las palabras que describían lo ocurrido en el extraño despacho, pero no había nada parecido. El joven mago se había encontrado con un pequeño trol sirviente. Eso era lo que le había alterado en el jardín. David volvió otra página atrás en busca de las prostitutas, de Robins, de la pistola, pero no las encontró. Volvió a leer todo desde el principio tres veces más, pero las palabras habían cambiado. La historia no contaba nada de despachos, tan solo las aventuras de siempre sobre el joven mago y sus amigos.

Estaba seguro de que no lo había soñado. Menos aún que se lo había imaginado. Por un momento pensó que debería contárselo a su madre, pero entonces se dio cuenta de que si lo hacía descubriría que le había desobedecido, así que lo dejó pasar y se guardó el secreto para sí mismo. Echó un último vistazo, pero todo seguía… normal.

Apagó la linterna y obedeció a su madre.

——————————————————————————————-

Si te ha gustado y quieres saber más.

Ya sabes:

COMPRA LA NOVELA


Portada Cuestión de Fe

Esta entrada fue publicada en Cuestión de Fe, Libros y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s