Cuestión de Fe: Prólogo

EsqueletoLo hice con Luzius y no sé cómo no se me ocurrió con Cuestión de Fe.

Os voy a dar un adelanto de lo que es la novela para que podáis echar un vistazo a lo que os espera.

Aquí tenéis el prólogo que da comienzo a la historia.

No dice mucho pero adelanta un acontecimiento sorprendente sobre el que gira la novela entera. Y es una de los inicios más surrealistas que he escrito jamás.

Aquí lo tenéis:

Prólogo

 

Corría el Año 2009. Y corría como el diablo.

Suena raro, pero, ¿se ha parado a pensar cómo es el Año? Normalmente uno suele acordarse de él cuando llega el final de Uno y el principio de Otro. Así, todos los años se puede ver la típica imagen navideña en la que un anciano desdentado, de pelo desgreñado, lacio y con pinta de telarañas acumuladas sobre una cima calva y arrugada, posa semidesnudo con una banda blanca en la que tiene escrito su dígito: 2007, 2008… A su lado, siempre sonriente, un bebé en pañales, regordete y con sonrisa de estúpido, sujeta una banda similar con el siguiente número consecutivo. Muere diciembre, nace enero. El círculo se cierra y vuelve a comenzar. ¿Pero qué le pasa al Año el resto de los meses?

Bueno, en realidad le pasan muchas cosas, pero ¿cómo se le representa mientras tanto?

No se le representa.

Así que, cuando llegó Halloween, Año 2009 se encontraba con más de tres cuartas partes de su vida malgastada, un pañal gigante entre sus piernas que no había sido cambiado jamás y una banda ridícula que le quedaba demasiado grande, ya que 2009 no había sido precisamente un año de abundancias. Crisis le había llevado de la mano durante toda su existencia y no tenía pinta de que lo fuera a abandonar antes de que éste mismo se acabase. Sin embargo, la visión de un hombre adulto corriendo semidesnudo por las calles de Nueva Orleans no parecía alterar a nadie. Ya que si eso llamaba la atención, entonces ¿qué pensarían de la multitud de esqueletos andantes, vampiros, brujas, soldados romanos, magos vudú y, algún que otro, Homer Simpson que corrían, bailaban, gritaban y cantaban sin censar? Era Halloween. Y todo el mundo sabe que las reglas están hechas para cualquier día menos para Halloween, porque ese día era el día en que Las Reglas se cogían vacaciones y se largaban a hacer… bueno… lo que se supone que hacen Las Reglas cuando no están… regulando.

Yo no puedo estar enterado de todo. Bueno… sí que puedo, pero luego me llaman cotilla. Y nadie quiere que le llamen cotilla.

Así que Año 2009 había comenzado el día en busca de una tienda de ropa donde poder comprar unos pantalones, una camiseta, unos calcetines y unas zapatillas, y si le sobraba algo de dinero, puede que hasta un jersey. Su antecesor, Año 2008 le había dejado algo de dinero en uno de los apartamentos que había heredado de su antecesor, Año 2007. El por qué ningún Año dejaba al siguiente algo de ropa para que se pusiera cada Halloween era una broma interna que nunca llegaré a entender y que nunca le ha hecho gracia a ninguno de los Años que yo haya conocido. Aunque una vez 1993, un Año no demasiado agradable, me dijo que lo hacían para darle una lección al siguiente por venir, para que viese que un número más en la banda no significaba nada y que no fuese por ahí dándoselas de importante. En mi opinión, si Halloween no les pillase a todos en una edad tan avanzada se dejarían de tantas tonterías. Pero es mejor no meterse en asuntos de familia ajena. Además, Año 2009 no podía perder el tiempo con bobadas, solo podría disfrutar de libertad mientras Halloween durase. Y si lo que había visto era cierto, era mejor que no perdiese ni un segundo.

Los Años siempre han podido recordar la vida de todos sus antepasados. Y si no, siempre podían buscar en internet, aunque no es tan fiable como la gente piensa. Pero en ciertas ocasiones, durante la noche de Halloween, por algo relacionado con los “ciclos”, los “periodos históricos”, los “efectos mariposa”, “dominó” o, el más común de todos, el “vetetúasaber” eran capaces de prever ligeros fragmentos de las vidas del Año que les seguía. Solían echar un vistazo rápido, por eso de la curiosidad de ver si le iba a ir mejor o peor que a uno mismo. Y si lograban alcanzar a ver el día de Halloween siguiente, sonreían para sí viendo a su yo futuro en pañales en busca de ropa. En el caso de 2009, el momento de su visión llegó en el mismo momento en el que agarraba el pomo de la puerta de la tienda de ropa más cercana. Un flash le arrancó de cuajo de su línea temporal y de repente se encontró en mitad de una inmensa nada. 2009 flotaba en la oscuridad donde pequeñas luces le rodeaban. Le costó unos segundos y varios parpadeos acostumbrarse al ambiente, pero, por fin, consiguió reconocer a otros como él. Sus antepasados flotaban lejos a su espalda. Algo no estaba bien, 2009 notaba ciertas irregularidades en sus vidas pasadas, como el efecto de una piedra al caer en las aguas de la historia que iba extendiendo pequeñas ondas en lo que hasta entonces había sido un estanque tranquilo, ya que en realidad el tiempo no es lineal ni circular, es líquido, de ahí que se te escape de las manos. Las pequeñas olas de historia habían levantado a 2009 de su línea temporal y le habían colocado momentáneamente por encima de su edad. Emitió un grito agudo ante la sensación de vértigo que le nacía en el estómago. Quiso agarrarse a algún sitio, pero se encontraba a merced de la marea. Se atrevió a abrir los ojos y a mirar al horizonte con la esperanza de ver la humillación de su futuro sucesor, pero lo que vio le obligó taparse la cara con horror. La onda temporal había crecido demasiado. Nunca un Año había podido mirar desde tan alto y ver tanto. Echó una mirada hacia atrás y vio a todos sus antepasados devolviéndole la mirada con furia.

–¡Aparta de ahí cretino, que no nos dejas ver! –le gritó 1993 haciendo señales con la mano. Ya he dicho que no fue un año muy agradable.

Año 2009 volvió a la realidad con la suavidad con la que un maremoto golpeaba la costa. Su mano se escurrió del pomo sin que él pudiese hacer nada por evitarlo. Dedicó unos segundos a pensar en lo que acababa de ver. Un escalofrío le recorrió la espalda. Si lo que había visto era cierto, 2010 iba a ser el último de la estirpe. El fin.

Por un instante pensó en comprar al pobre diablo una camiseta y unos pantalones para dejárselos en una de las casas heredadas. Pero finalmente no lo hizo. ¡Qué demonios! Pensó. ¡A ver si se va a creer alguien por tener un número más en la banda! Y se dirigió al primer bar que encontró alzándose el pañal por la parte de la espalda. Al fin y al cabo, cuando te quedan dos meses de vida y el fin del mundo está a la vuelta de la esquina, emborracharse no parecía una idea tan mala, aunque fuera en paños menores.

 

Si te ha gustado y quieres saber más.

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