No puedo escribir este post sin caer en tópicos arrastrados a lo largo del tiempo sobre la telebasura y la desinformación típica que reina y campa por los medios televisivos.
Sin embargo, haré un esfuerzo.
Sinceramente pienso que los dueños, programadores y demás mindunguis y gerifaltes que deciden la programación de las televisiones españolas están cometiendo un error descomunal. Lo cual me sorprende, ya que son ellos mismos los que deberían estar informados o actualizados a las tendencias televisivas que los días que nos han tocado vivir.
Las audiencias televisivas son bajas. La gente sensata se va alejando cada vez más de los productos televisivos. Pero además de por la ínfima calidad y la total y absoluta carencia de interés por sus contenidos amarillistas, rosas o multicolores, esta huida de rata del barco que se hunde se puede entender desde un punto de vista más técnico y sociológico que la simple desidia en la programación. Ya que un servidor es creyente fiel de la estulticia humana y de su eterno aguante en una actitud pasiva frente al mando del televisior siempre que no haya oferta diferente alguna. ¿¡Quién no ha oido la excusa típica d “Sí, sé que es una xxxxxx pero no hay otra cosa”?!
El mundo de la informática y de las descargas de internet, además de abrir una puerta inmensa por la que cabemos todos los jetas con ganas de ver series extranjeras antes de que lleguen a España, nos ofrece la posibilidad de lo que desde hace ya 15 años se viene llamando “Televisión a la Carta”.
Este concepto comienza a verse en nuestro país de manera muy tímida, pero del que tengo conocimiento prácticamente desde que empecé la carrera, hace ya taaanto tiempo.
Internet, y las descargas en general, nos permiten ver las series que queremos en el momento que queremos sin vernos atados a las ataduras de un horario o fecha concreta y sin la tiranía y la insoportable interrupción de los anuncios.
La televisión normal ha muerto, sin embargo, aún hay algunos que se resisten a enterrarla y obligan a su cadáver a moverse cual zombie en un espectáculo dantesco de vergüenza y bochorno.
Todas las cadenas emiten programas cada vez más degradantes, intentando enganchar con el morbo, el chismorreo y lo que a nadie le importa (pero todo el mundo ve) a los últimos creyentes en la emisión analógica.
Pero el final es inevitable.
“La televisión a la carta” ya ha llegado. Como un virus alcanzará a todo el mundo. Corromperá a los desactualizados o simplemente los borrará del sistema.
El dilema y la pregunta del millón de euros es la siguiente.
¿Cómo se financiará una televisión que el espectador puede ver gratis y sin anuncios?
Reinventarse o Morir

¡Magnífica entrada!
Quisiera también felicitarte por tu FORMIDABLE blog, que encontré hace no mucho por casualidad (aunque esta sea la primera vez que comento), y me ha sido de gran ayuda a la hora de escoger buenas lecturas (gracias a tí me he animado a descubir series como “Northlanders”, o esa pequeña gran joya que es “Chew”).
Realizas una labor verdaderamente encomiable.
Un saludo.
Me alegra saber que te ha gustado y que sirve de algo.
Muchas gracias por los elogios.