Todos conocemos en nuestra vida a un tipo de persona que resulta irritante, molesto, quejica, mandón, irrespetuoso, intransigente, falto de tacto, acostumbrado a hacer lo que le da la gana, cuando le da la gana y como le da la gana; pero intuyes que en el fondo, bajo toda esa capa de acritud y mal humor, enterrado en lo más profundo de su pétrea personalidad… hay una brasa de candor, amor y bondad que brilla con pasión disimulada. La mayoría de la gente lo llamamos… papá.
Y esta serie trata precisamente de eso, de un padre que ladra pero no muerde y resulta divertido y entrañable.
La serie trata básicamente de un hijo que después de ser despedido del trabajo se ve en la tesitura de tener que irse a vivir con su osco padre del que apenas tiene recuerdos, porque se separó de su madre cuando era tan solo un niño.
No creo que encontréis muy buenas críticas en la web de esta serie. Sin embargo yo voy a crear un precedente.
Es cierto que es una serie simplona, con muy pocos escenarios. Pero los cinco episodios que he visto hasta ahora me han hecho reír todos. Tiene buenos juegos de palabras, estructuras de gags muy bien medidos en el tiempo. Al que sabe de guiones de humor le gustará ver cómo dominan muy bien “la repetición”. Y para pasar el rato es idónea. No llegará a triunfar como Friends o Cómo conocí a vuestra madre, entre otras cosas porque no representa a una generación como lo hacen estas series, pero para verla mientras comes es una buena opción.
William Shatner lo hace muy bien. No se puede decir que sea un gran actor (aunque en Boston Legal, de la que hablaré otro día, lo bordaba) pero para hacer de viejo gruñón no se requiere grandes dotes. El resto de los actores, la verdad, es que no los conozco mucho, y simplemente cumplen el expediente.
A lo mejor soy raro, pero a mí, me gusta.

Sí, eres raro pero te queremos tal y como eres.
Este viernes cerve y hablamos de cosas de machos.